Tengo un sueño.
Alguna vez soñé con el fin de las dictaduras y la guerrilla; con la instauración de la Constitución Nacional y la ley; con el debate de ideas para construir un país; con el fin de la muerte o la persecución para el que pensara distinto; con el fin de los exilios y la muerte de pena lejos del terruño; con el fin de la intervención de universidades, sindicatos y la represión; con el esclarecimiento de las desapariciones forzadas de personas; con que un presidente constitucional entregara la banda presidencial a otro presidente elegido por el voto popular.
Gran parte de ese sueño, lo cumplieron los radicales en el gobierno. Gran parte de ese sueño, con la ayuda de la inmensa mayoría del pueblo argentino y la colaboración de los partidos políticos, lo cumplió el PRESIDENTE RAÚL ALFONSÍN.
El fervor y la participación para cambiar las cosas se fue apagando. Los partidos políticos fueron perdiendo el rol protagónico y fundamental en el campo de lo ideológico. La Democracia se fue tornando, tal el concepto de Guillermo O`Donnell, en "delegativa".
Cuando más nos alejábamos de las dictaduras y la posibilidad de golpes de Estado, paradójicamente, más caía el involucramiento de la gente en la cosa pública. La etapa de RAÚL ALFONSÍN, riesgosa para la Democracia desde lo frágil de las jóvenes instituciones de la República, que debían crecer y fortalecerse, y desde las dificultades económicas (causadas por la dictadura y fomentada por los grupos de poder en la primera gestión constitucional), fue un desafío para la vida cívica. La población movilizada defendió la "DEMOCRACIA PARA SIEMPRE".
Esas mismas dificultades, si bien estaba asegurada la institucionalidad, pegaron duro en la gente y muchos se autoconvencieron que no es posible cambiar el país desde la participación política. La frustración derivó, como suelen afirmarlo las escuelas psicológicas, en APATÍA: "No me interesa la política"... Sin embargo esa "rebelión", ese meterse en la propia "caparazón", significa: "No estoy de acuerdo con como se maneja la cosa pública. No estoy de acuerdo con las políticas públicas que perjudican al hombre común. No estoy de acuerdo que la política sea un botín para los inescrupulosos, una bolsa de trabajo para la delincuencia..." Conclusión: el alejarse por no estar de acuerdo es darle vía libre al latrocinio y que afloren los peores e ineptos en la noble actividad política.
Se puede cambiar la condición humana desde la Fe (soy testigo y he estudiado profundamente como el Cristianismo ha intervenido fuertemente en terminar con la esclavitud, en reducir la explotación laboral, en fortalecer la familia). Se puede cambiar la condición humana desde el trabajo solidario. Incluso, desde el arte. Pero como dice RICARDO ALFONSÍN: " nada es más importante para cambiar la condición humana que la POLÍTICA", desde donde se pueden tomar decisiones fundamentales que afecten a toda la población de un país (y lo sabemos: para bien o para mal).
Mi sueño, en parte cumplido y en parte trunco, aún subsistió durante la década del 90 y el primer decenio del dos mil. Ese sueño vuelve a surgir con toda su potencia al emerger un centenario partido. Al emerger un nuevo liderazgo, como es el de RICARDO ALFONSÍN. Un liderazgo capaz de guiar hacia la construcción colectiva, sin despreciar o renunciar a la identidad propia. Una visión capaz de llevarnos al desafío del diálogo con los que pensamos distinto. Una visión que nos lleve a crecer en al diversidad, sin la subestimación o prejuicio hacia el otro.
Mi sueño avanza. Desde la Educación podemos crear una Argentina con valores . Podemos dejar atrás el "destrato a las instituciones" para recuperar la REPÚBLICA y transformarnos en un país creíble para el mundo. Un país donde crezcan, de un modo jamás visto, las inversiones: generando trabajo, impulsando el salario, aniquilando la inflación (que tiene un origen sustancialmente distinto a la de los ochenta). Ya no son viables las recetas económicas de ajuste hacia los que menos tienen. Ya no son viables las recetas económicas tendientes a "enfriar la economía" para frenar la inflación. Chile, después de la cruel dictadura pinochetista, que dejó al país con un 28 % de inflación anual, reconoció y atacó ese problema reduciendo en forma gradual y llevando, en el término de cuatro años, la inflación a menos de un dígito (8% anual), sin dejar de crecer, sin dejar de desarrollarse.
Sueño con ese gobierno de matriz radical, pero con la concreción de aquel "Discurso de Parque Norte", con una nueva y más profunda convergencia programática.
Sueño con que todos esos pasos servirán para terminar con la inmoralidad del trabajo en negro (que paga magros salarios y no ofrece cobertura de salud, hipotecando la ancianidad sin aportes jubilatorios); que servirán para lograr la reducción drástica de la pobreza; que lograrán un desarrollo económico y humano nunca visto; que crearán un país con justicia, donde se respete la ley y se premie el sacrifio; que pondrán fin a la ola de inseguridad; sueño... sueño...
SUEÑO CON EL RADICALISMO EN EL GOBIERNO.
SUEÑO, CON RICARDO ALFONSÍN PRESIDENTE DE TODOS LOS ARGENTINOS.
Hugo Turrini
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